En una ironía de copiosa lluvia y nieve, los Amantes se calientan sobre brasas de roble ardiente, en una cabaña de piedra caliza comiendo galletas de avena y pasas, siguiendo el mito de ser humano, haciendo danzar el hielo bajo nuestros labios, una campanada; triste llanto de melancolía, una caricia que estalla en la mirada, volteando tus pensamientos, revoloteando sobre los mios, no hay que encender el brío cuando la fiera encandece, me encendiste Amada mía, corre e ignora silente, que la bestia que hoy te toma, es un Machista indecente, sin propuestas ni sonrisas, solo la pasión inerte, que desea con locura despojar de tus ropajes, a tu cuerpo con soltura, la lujuria se acelera, y son tus jadeos firmes, tan seguros del placer, me encarcelan al dopaje de un bramido de vaivenes que calientan los sonidos, de la noche en mi cabaña, arde fiera Amada mía sobre la piel que me rasgas, no eres una ninfa niña, eres una Hermosa Hembra que ni a Dios le pertenece, no soy pecador del cielo, pues si Dios la miraría, anhelaría ser Hombre... para Amarla siendo mía.
John Al. Ramírez


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